Aquí os dejo el prólogo de mi libro. Es un pelín sangriento porque las circustancias lo requieren, pero luego será más misterioso. Espero críticas, sugerencias, consejos…
0. Prólogo
La luz de la mañana se empezaba a poder otear en el horizonte sevillano, la noche se convertía en penumbra y los tejados se secaban al instante del poco rocío que quedaba en ellos. El fin de la primavera se estaba haciendo notar y el calor era agobiante incluso de noche. Ahora que el día iba a hacer acto de presencia la gente se preparaba para protegerse del calor agobiante, la mayoría era gente mundana, gente con una triste vida condenada al trabajo mal pagado, a las amenazas del paro, a una vida sin emociones y a la esclavitud consentida. Los más madrugadores ya estaban levantándose de sus camas, y los que habían tenido que trabajar de noche, cosa incluso de agradecer en el ardiente verano sevillano, volvían agotados a sus casas. Todos excepto uno, un joven de unos veinticinco años de edad, musculoso, que regresaba a casa tras su trabajo nocturno como basurero, dispuesto a descansar unas horas para luego dedicar parte del día a ser monitor de gimnasio. Había tenido la mala fortuna de ser uno de los primeros humanos en caer bajo las zarpas de la bestia, una bestia que había surgido de las entrañas de la civilización dispuesta a conseguir comida de cualquier modo, un devorador de carne humana.
La bestia había saltado desde un tejado sorprendiéndole por la espalda. De la sola potencia de la caída lo logró tirar al suelo como si de un muñeco se tratara y, acto seguido, lo lanzó con violencia contra un andamio, quedando inmovilizado. El joven miró al animal con terror: siendo él alguien capaz de tumbar a una persona con facilidad, de levantar pesos elevados sin gran esfuerzo, la bestia había sido capaz de reducirlo en instantes. De todas formas, pocas posibilidades tenía contra un animal de tres metros de altura con unos músculos descomunales, incluso más del doble de grandes que los suyos. Veía a la muerte cerca, y no se atrevía a mirarla a la cara, no se atrevía a mirar a esa abomminación directamente.
-Qué… qué… ¿Qué quieres de mí?- dijo con voz temblorosa.
La única respuesta que recibió fue un gruñido y una mueca de asco por parte del animal, un animal sediento de sangre que parecía una mezcla extraña de lobo, murciélago, oso… e incluso humano. Un animal que parecía beber del miedo que que le provocaba al joven, que disfrutaba con su sufrimiento, que quería ver cómo se despedía de la vida, observar ese instante en el que una persona deja de ser persona. Su interés era insaciable. Podía ser un animal, pero con una capacidad mental aparentemente humana.
-¡Responde!- replicó el joven, cada vez más nervioso.
Volvió únicamente a recibir unos gruñidos por respuesta. Mientras tanto, empezaba a filtrarse la claridad provocada por la luz solar ligeramente por los toldos, que estaban colocados para proteger a los transeúntes del agobiante sol, en especial por el que el animal había roto para entrar. La bestia sintió que había llegado el momento: ya había disfrutado suficiente del sufrimiento de ese patético humano y, además, pronto el alba daría paso al día; no podía dejarse ver por la gente.
El animal avanzó con paso firme, mientras el joven pedía auxilio desesperadamente, sin efecto ni esperanza algunos, pero deseando que alguien lo escuchara o, al menos, que lo vengase.
La bestia se puso a dos patas, manteniéndose en esa postura sin problemas, alzó la zarpa y apartó con estrépito las barras de andamio que mantenían apresado al joven, dándole una oportunidad para escapar que el joven trató de aproverchar. Pero, por desgracia para él, no lo consiguió. La bestia había agarrado una barra metálica de las que quedaron destrozadas y le había golpeado con ella, le había desenterrado para regocijarse en su sufrimiento y tener el placer de matarlo con sus garras. Después de tirarlo al suelo, lo levantó del pescuezo y le miró a su aún consciente rostro.
-Por favor… no me mates, puedo serte de utilidad… ¡So-socorro!¡Auxilio!¡Piedad!¡Ahhrgh!¡Nooo!- Gritó el hombre desesperadamente, y su boca dejó de emitir sonidos para siempre. La bestia le había rugido frente a su antes orgullosa y ahora llorosa y penosa cara, su cara de rendido, su cara ante la muerte… y luego le clavó la barra metálica con fuerza, con frialdad y con decisión en el corazón. La sangre salía a borbotones mientras la presión ejercida sobre las manos de la bestia por el joven disminuía, hasta que sus manos soltaron al animal y su cara se quedó con el blanco color de los cadáveres.
En cuanto la llama de la vida en el corazón de la víctima se apagó, la bestia lamió la sangre del suelo y comenzó a devorar el cuerpo allí mismo: empezó por las piernas, devorando los trozos grnades de carne y apartando los huesos, luego siguió con los brazos y el tronco, devorando mediante el mismo procedimiento de sólo comer los trozos grnades de carne.
Arrancó un contenedor del suelo (el contenedor no era convencional, era de los conectados a la red de residuos municipal) y lo usó para romper la tapa de la alcantarilla. Echó allí, en la alcantarilla, el cráneo (que era la única parte del cuerpo que no había devorado) junto a todos los demás huesos. Echó unas miradas alrededor para asegurarse de que no le había visto nadie y , de repente, su cuerpo se empezó a deformar.
El cuerpo de la bestia empezó a emitir unos sonidos desagradables, sonidos de huesos desencajándose, y se empezó a volver más estrecho y alargado, desde la cabeza inclinada hacia delante a las patas traseras, pasando por la jorobada espalda, las relativamente pequeñas alas… Donde hace diez minutos había una persona disfrutando de la vida, volviendo de trabajar ahora solamente había una mancha de sangre y objetos destrozados, signos de un brutal asesinato.
La bestia se iba alejando por las alcantarillas, las horas que quedaban hasta la noche eran las que les quedaban de desccanso a la gente. La próxima noche también habría caza…
By: J-Fénix
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